¿Qué lleva a un ex policía federal de 59 años a convertirse en el jefe de una banda boquetrera? La historia de Carlos Daniel Maidana tiene todos los condimentos de una película de Campanella: traición, venganza y un final que nadie esperaba.
El domingo por la noche, la Policía Bonaerense lo pescó con las manos en la masa. Maidana viajaba en una Volkswagen Amarok embarrada junto a una mujer paraguaya de 26 años, supuestamente dedicada a la venta de ropa. Los encontraron en la esquina de Boedo y Santa María de Oro, a una cuadra del Banco Provincia de Baradero que planeaban asaltar.
La banda era un circo ambulante del delito. En una Fiat Iveco viajaba Pablo Yun, porteño dedicado a la publicidad según los papeles. Lo acompañaba Horacio Couto, de 65 años, con prontuario en penales federales y reconvertido en empresario textil. También iba Wilmar Pedraja, uruguayo de 63 años, un supuesto viejo hampón que completaba el trío de la experiencia.
El plan era digno de una película clase B. Intentaron ingresar a la bóveda desde el depósito de una ferretería, rompiendo un viejo piso de madera. Llevaban herramientas de perforación, una cámara endoscópica y bolsas de escombros que nunca llegaron a llenar. Pero activaron un sensor y la alarma los delató.
Lo insólito es que la Bonaerense ya los esperaba. Según fuentes del caso, recibieron “una denuncia anónima”. Pero otra alta fuente se ríe: “Fue la soplada de bolsa del año”. En el submundo, soplar la bolsa es delatar a otro delincuente, una buchoneada propia de un buchón.
La ironía es demoledora. Maidana había sido buchón él mismo años atrás, cuando declaró como arrepentido en el expediente que terminó con la destitución del fiscal Claudio Scapolán. En abril de 2023, un jurado bonaerense dejó fuera del cargo al que había sido uno de los fiscales más poderosos de San Isidro, procesado por la jueza Sandra Arroyo Salgado por falsedad ideológica.
En el allanamiento de su casa en Moreno encontraron un fusil FAL, un chaleco antibalas y una Toyota Hilux con pedido de secuestro. Cuando los detectives le cerraron el paso a su camioneta, Maidana sabía qué hacer: rendirse y decir su nombre completo. Llevaba dos pistolas en la Amarok.
El Juzgado Federal N°2 de Morón tiene ahora en sus manos una causa que parece sacada de una novela negra. Un ex policía que pasó de arrepentido a boquetero, una banda heterogénea y un golpe que fracasó antes de empezar. La pregunta que flota en el aire es quién vendió a quien en esta historia donde todos parecen haber sido buchones alguna vez.