La madrugada del domingo dejó una postal que se repite demasiado seguido en las calles de Paraná. Un automovilista decidió que las reglas de tránsito eran opcionales y terminó detenido por alcoholemia positiva tras circular en contramano con 1,83 gramos de alcohol por litro de sangre.
¿Hace falta explicar que ese nivel de alcohol equivale a estar completamente fuera de control? El límite legal es de 0,5 gramos, pero este conductor lo superó por más del triple. Una bomba de tiempo rodando por la ciudad mientras el resto dormía tranquilo, sin saber que compartía las calles con semejante peligro.
Los operativos de seguridad no se limitaron a este caso. La Policía también tuvo que lidiar con un hombre que amenazó a los efectivos con una tijera, demostrando que la creatividad para generar problemas no tiene límites. Como si fuera poco, lograron recuperar una hidrolavadora robada, completando una noche que pintaba para antología policial.
El conductor alcoholizado ahora deberá explicarle a un juez por qué consideró que circular en contramano era una buena idea después de varias copas de más. Mientras tanto, su vehículo quedó retenido y él enfrentará las consecuencias de una decisión que pudo terminar en tragedia.
Los controles de alcoholemia se intensificaron en toda la provincia, pero casos como este demuestran que todavía hay quienes creen que las normas son para otros. La pregunta que queda es cuántos más andan por ahí, esperando el momento de convertirse en una estadística que nadie quiere leer.