La confesión llegó después de que los nueve chicos se animaran a contar lo que había pasado durante una clase de Educación Sexual Integral. El docente, que durante años había abusado de estudiantes de entre 11 y 13 años, no tuvo más remedio que reconocer ante la Justicia lo que había hecho.
Los detalles del caso estremecen. El maestro aprovechaba su posición de autoridad para cometer los abusos, confiando en el silencio de los menores. Pero la implementación de la ESI en las aulas fue clave para que los chicos pudieran identificar lo que les estaba pasando y encontraran las palabras para denunciarlo.
La confesión del acusado aceleró el proceso judicial y evitó que las víctimas tuvieran que revivir los hechos en un juicio oral. El tribunal lo condenó a cuatro años de prisión por los delitos de abuso sexual simple y agravado.
¿Cuántos casos más quedan en silencio en las escuelas entrerrianas? La condena marca un precedente, pero también expone la vulnerabilidad de los menores en espacios que deberían ser seguros. Los padres y la comunidad educativa ahora exigen protocolos más estrictos para prevenir que estos hechos se repitan.
La sentencia, aunque firme, deja un sabor amargo. Cuatro años parecen poco para quien traicionó la confianza de nueve familias y marcó para siempre la vida de estos chicos. El sistema educativo entrerriano tiene una deuda pendiente con la protección de sus estudiantes.