Se fue Carlos Alberto Solari, el Indio que desde Paraná conquistó el corazón del rock nacional. El exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota falleció este jueves en su domicilio de Parque Leloir, cerrando una de las páginas más intensas de la música argentina.
¿Quién hubiera imaginado que aquel pibe nacido en nuestra capital provincial se convertiría en el poeta del rock más influyente del país? El Indio no solo cantaba: predicaba, filosofaba, desafiaba. Sus letras eran manifiestos de una generación que encontró en él la voz que necesitaba para gritar su rebeldía.
Los Redondos no fueron una banda más. Fueron un fenómeno social, una religión laica que convocaba multitudes en cada recital. Desde “Jijiji” hasta “La bestia pop”, cada disco era un acontecimiento que marcaba época. Sus seguidores, los ricoteros, lo veneraban como a un gurú del rock.
El músico paranaense supo mezclar poesía urbana con crítica social, rock pesado con folclore, humor negro con denuncia política. Temas como “Semen-Up”, “Motor Psico” y “Un ángel para tu soledad” se volvieron himnos generacionales que trascendieron las barreras del rock.
Después de la separación de los Redondos en 2001, el Indio continuó su camino con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, manteniendo esa mística única que lo caracterizó durante décadas. Sus recitales eran eventos masivos que paralizaban ciudades enteras.
Entre Ríos pierde a uno de sus hijos más ilustres, pero su legado quedará para siempre en cada verso, en cada melodía que sigue sonando en radios de todo el país. El Indio Solari no murió: se transformó en leyenda eterna del rock argentino.