El viernes fue una jornada para el olvido en los mercados argentinos. El riesgo país se disparó a 499 puntos, un salto de 2,7% que dejó atrás cualquier esperanza de tocar nuevos pisos en la gestión de Javier Milei. ¿La razón? Un vendaval que llegó directo desde Wall Street y arrasó con todo a su paso.
Los números no mienten: el Merval se desplomó 2,6%, los ADR argentinos en Nueva York sangraron con Ternium perdiendo 4,2%, y los bonos en dólares retrocedieron 0,9% en promedio. Una masacre en toda regla que dejó a los inversores locales mirando con bronca las pantallas rojas.
Mientras tanto, el dólar minorista trepó cinco pesos a $1.460 y el Banco Central logró comprar US$ 45 millones en la rueda, acumulando US$ 437 millones en la primera semana de junio. Al menos algo positivo en medio del desastre: ya lleva 102 ruedas seguidas comprando divisas.
El epicentro del terremoto estuvo en Estados Unidos, donde el Nasdaq se hundió 4,8% arrastrando a las tecnológicas al abismo. El Dow Jones perdió 1,4% y el S&P 500 cedió 2,6%. Nvidia se desplomó 4,6% y Broadcom perdió 5,9%, confirmando que cuando las grandes caen, todas caen.
Paradójicamente, todo empezó con una buena noticia: Estados Unidos creó 172.000 empleos en mayo, muy por encima de lo esperado. Pero los mercados leyeron entre líneas: si el empleo está sólido, la Reserva Federal no tiene motivos para bajar las tasas. Y eso es veneno puro para las empresas tecnológicas que necesitan financiamiento barato.
“Cualquier esperanza de un recorte de tasas de la Fed ha sido eliminada”, sentenció Ronald Temple de Lazard. El nuevo jefe de la Fed, Kevin Warsh, presidirá su primera reunión a fin de mes con la inflación estadounidense en 3,8% anual, un nivel que mantiene nerviosos a los halcones monetarios.
Los bonos del Tesoro estadounidense subieron en respuesta: el rendimiento a 10 años saltó del 4,47% al 4,53%, mientras que el de dos años pasó del 4,04% al 4,13%. Ante la incertidumbre, los inversores prefieren refugiarse en activos más seguros que apostar por la volatilidad de las acciones. Una lección que los mercados argentinos aprendieron a los golpes este viernes negro.