Una vez más, el Gobierno nacional pateó para adelante la bomba de los combustibles. La administración decidió postergar hasta el 1 de julio la aplicación plena de los incrementos pendientes sobre naftas y gasoil, una medida que mantiene en suspenso durante todo junio los ajustes impositivos que vienen arrastrándose desde hace dos años.
¿Hasta cuándo van a seguir con esta estrategia del parche? Los incrementos diferidos incluyen actualizaciones impositivas de 2024, 2025 y el primer trimestre de 2026, una acumulación que promete ser demoledora cuando finalmente se concrete. Mientras tanto, las estaciones de servicio de Paraná, Concordia y Gualeguaychú siguen con los precios actuales, pero la espada de Damocles sigue ahí, colgando.
Para el gobernador Rogelio Frigerio y los intendentes entrerrianos, esta prórroga es un alivio temporal en medio de una economía provincial que ya viene golpeada. El transporte público, los comerciantes y los trabajadores que dependen del auto para llegar a sus empleos pueden respirar un mes más, pero la incertidumbre sigue siendo la regla.
La realidad es que esta política de postergar indefinidamente los aumentos genera más incertidumbre que alivio. Los empresarios del sector no pueden planificar, los consumidores viven en la ansiedad permanente y la recaudación fiscal sigue siendo un interrogante. ¿Qué va a pasar en julio? ¿Van a volver a patear la pelota para agosto?
Lo cierto es que cada prórroga hace más pesada la bomba final. Cuando finalmente se decidan a aplicar todos los incrementos acumulados, el golpe va a ser mucho más duro que si hubieran ido aplicando los ajustes de manera gradual. Una vez más, el Gobierno elige la foto del momento por sobre una política consistente a largo plazo.