¿Cuántos meses más necesita el gobierno para reconocer que la gente no tiene plata ni para cargar nafta? Los números de abril son demoledores: el despacho de combustibles al público se desplomó 2,4% interanual y 5,1% respecto a marzo, marcando el tercer mes consecutivo de caída libre.
El dato no es casualidad. Mientras los entrerrianos hacen malabares para llegar a fin de mes, las naftas baratas son las que más sufren la tijera del bolsillo. En contrapartida, las versiones premium marcan subas, evidenciando una polarización brutal: los que pueden, siguen consumiendo; los que no, directamente dejaron de cargar.
En las estaciones de servicio de Paraná, Concordia y Gualeguaychú se nota la diferencia. Los playeros confirman que la gente carga menos litros, busca promociones y muchos directamente optaron por el transporte público o la bicicleta. La recesión tiene cara y se ve en cada surtidor.
Esta tendencia no es solo un número frío en una planilla. Refleja el impacto directo de las políticas económicas en la vida cotidiana de los entrerrianos. Cuando las familias recortan hasta la nafta, es porque la situación económica tocó fondo.
El sector energético, que venía mostrando señales de recuperación a principios de año, ahora enfrenta un panorama complejo. La caída sostenida en el consumo de combustibles es un termómetro infalible del nivel de actividad económica y del poder adquisitivo real de la población.