El principal polo agroexportador del país amaneció paralizado por un paro sorpresivo que nadie vio venir. Los trabajadores aceiteros cruzaron los brazos en plena discusión salarial, dejando en evidencia la tensión que se venía cocinando a fuego lento entre el gremio y las empresas del sector.
La medida de fuerza arrancó en las primeras horas de la mañana, cuando los operarios se negaron a ingresar a las plantas procesadoras. El reclamo es concreto: quieren un aumento del 20% que compense la pérdida del poder adquisitivo acumulada en los últimos meses. Del otro lado, las empresas exportadoras apenas ofrecen reconocer la inflación a mes vencido, una propuesta que los trabajadores consideran insuficiente.
¿Cómo llegamos a este punto de quiebre? La negociación paritaria venía desarrollándose en un clima de aparente normalidad, pero las diferencias irreconciliables entre las partes terminaron explotando. Los dirigentes gremiales aseguran que las empresas del sector vienen registrando ganancias extraordinarias gracias a la devaluación y el boom de las exportaciones, mientras que los salarios se licuaron con la inflación.
El conflicto no podía llegar en peor momento para el sector agroexportador. Las plantas procesadoras estaban operando a pleno para aprovechar la ventana de exportación, especialmente hacia los mercados asiáticos que demandan aceites vegetales. Cada día de paro representa millones de dólares en ventas que se evaporan y compromisos comerciales que quedan en el aire.
La duración del conflicto es una incógnita que mantiene en vilo a todo el sector. Los gremialistas no fijaron un plazo para la medida de fuerza, mientras que las empresas evalúan si ceder ante la presión o mantener su postura. En el medio, quedan los trabajadores que reclaman salarios dignos y un sector clave para la economía argentina que necesita funcionar sin sobresaltos para mantener el flujo de divisas al país.