Los números cantan y suenan bien: Entre Ríos exportó 31% más en 2025, alcanzando los 2.115 millones de dólares. Pero detrás de la celebración oficial, hay un detalle que no deja dormir tranquilos a los economistas provinciales.
El informe que llegó a esta redacción revela que el primer trimestre de 2026 mantuvo la racha positiva con 529 millones de dólares, un 21% más que el año anterior. En términos per cápita, cada entrerriano “exportó” 1.462 dólares en 2025, un 30% más que en 2024. Suena espectacular, ¿no?
Pero acá viene el problema que nadie quiere nombrar: Entre Ríos sigue siendo rehén de los commodities. Los productos primarios representaron el 59% del total exportado con 1.257 millones de dólares. Las manufacturas de origen agropecuario sumaron otros 673 millones. ¿El resto? Migajas.
Los cereales se llevaron el 39% del total, las carnes el 20% y las semillas oleaginosas el 16%. Este último sector explotó con un crecimiento del 181%, mientras que la soja creció 186% y la carne bovina 74%. Números que marean de la alegría, pero que esconden una trampa mortal.
¿Qué pasa cuando China —que compró por 561 millones de dólares y creció 136%— decide cambiar de proveedor? ¿O cuando los precios internacionales se desploman? La provincia queda desnuda, como ya pasó con Brasil, que redujo sus compras 14% en 2025 y otro 11% en el primer trimestre de 2026.
El trigo se convirtió en el rey absoluto, explicando el 67% de las exportaciones primarias en el primer trimestre de 2026. Vietnam apareció como nuevo socio comercial con un salto del 245%, y Bangladesh creció 285%. Diversificación geográfica que alivia, pero no soluciona el problema de fondo.
Mientras Santa Fe exportó 16.190 millones y Córdoba 10.913 millones, Entre Ríos se conformó con sus 2.115 millones. La diferencia no está solo en el volumen: está en la matriz productiva. Los vecinos agregaron valor, diversificaron, innovaron. Nosotros seguimos vendiendo lo mismo de siempre.
El informe es claro y demoledor: baja diversificación, escasa participación industrial y dependencia extrema de commodities. Los números de 2025 pueden encandilar, pero la realidad es que Entre Ríos sigue siendo una provincia que vende materias primas y compra productos elaborados. Una receta perfecta para el subdesarrollo eterno.