¿Será que Javier Milei puede seguir esquivando las reformas estructurales que tanto le reclaman desde Washington? El Fondo Monetario Internacional acaba de aprobar la segunda revisión del acuerdo con Argentina, pero el elogio vino con letra chica: hay que acelerar las reformas tributaria y previsional si el gobierno quiere sostener el rumbo económico.
Los números que maneja el FMI para 2026 son optimistas pero exigentes: crecimiento del 3,5% en el PIB, desempleo del 7,2%, inflación anual del 25% y un saldo fiscal primario positivo del 1,4% del producto. Metas ambiciosas que dependen de que el oficialismo logre lo que hasta ahora no pudo: consensos políticos para reformar de fondo.
El organismo internacional reconoce que el ajuste fiscal del primer mes de gestión mileísta “fue excepcionalmente grande en comparación internacional”, algo que resultó clave para restablecer la estabilidad. Pero también marca que la desinflación avanzó más rápido de lo esperado, inicialmente sostenida por el ancla cambiaria del crawling peg, que ayudó a ordenar expectativas en los primeros meses del programa.
Lo que diferencia este plan de otros intentos de estabilización como el Plan Bonex de 1990 o la pesificación de 2001-2002, según el FMI, es que “los contratos y obligaciones de deuda se han respetado en su totalidad”. Además, destacan las medidas para alentar la repatriación de activos a través de la amnistía fiscal de 2024, lo que impulsó una rápida recuperación de la actividad económica.
Pero no todo es color de rosa en el diagnóstico del Fondo. Tras la caída de reservas, la apreciación del tipo de cambio real y la incertidumbre política, el Banco Central tuvo que permitir mayor flexibilidad cambiaria mediante una banda cambiaria y eliminar la mayoría de controles vigentes. El problema surgió antes de las elecciones de medio término, cuando “la incertidumbre política llevó a un colapso de la demanda de pesos y las reservas cayeron a niveles peligrosamente bajos”.
El punto más crítico del informe apunta al sistema tributario argentino, que “sigue siendo complejo, altamente distorsivo e inestable, lo que repercute negativamente sobre el crecimiento y la competitividad”. La fragmentación entre Nación y provincias genera superposiciones y baja recaudación, un problema estructural que Milei prometió resolver pero que sigue pendiente en el Congreso.
Con la inflación todavía en dos dígitos, el desafío para la economía argentina radica en equilibrar los objetivos de desinflación, acumulación de reservas y recuperación económica. El FMI fue claro: será necesario sostener la implementación de los ajustes recientes y avanzar con las reformas que el gobierno viene postergando por falta de consensos políticos.