Un mensaje de WhatsApp en la escuela secundaria N° 22 Mariano Moreno cayó como una bomba entre los padres. “Lamentamos profundamente informarles que nos hemos visto obligados a suspender por tiempo indeterminado la merienda escolar”, decía el comunicado que confirmaba lo que muchos temían.
La razón es brutal: el gobierno provincial dejó de enviar insumos y las escuelas se quedaron sin recursos para alimentar a los chicos. A partir de esta semana, solo van a entregar leche en polvo hasta que se termine el stock. Después, nada.
Martín Cedro, docente de educación física y delegado de AGMER, pintó un panorama desgarrador: “Los mismos alumnos explican que van al comedor porque no cenaron la noche anterior”. Los recreos se extienden para que todos los pibes puedan llevarse aunque sea un pedazo de pan o un vasito de ensalada de frutas.
¿El motivo del desastre? Cedro no tiene dudas: “Se debe al deterioro social que está provocando los programas de ajuste económico”. Hasta hace un año y medio, eran muchos menos los chicos que hacían cola para la merienda. Ahora, cuando más necesitan porque los padres están sin trabajo, les sacan lo único que tenían garantizado.
La situación es tan desesperante que los propios docentes están juntando plata para ayudar a las familias que literalmente no tienen para comer. “Hay compañeros que están comiendo con la tarjeta de crédito”, reveló Cedro. La tarjeta que antes usaban para refacciones o electrodomésticos ahora es para tratar de llegar a fin de mes.
El problema se replica en la secundaria N° 30 María Elena Walsh, en el barrio Gruta de Lourdes, donde la rectora Paula Benítez confirmó la misma situación. La falta de fondos no solo genera incertidumbre, sino que complica las relaciones con comerciantes y proveedores que siguen colaborando pese a los atrasos en los pagos.
En pleno siglo XXI, en una provincia que se jacta de sus indicadores, tres escuelas públicas no pueden darles un vaso de leche a sus estudiantes. El boleto gratuito, dice Cedro con amargura, “es una buena en 20 malas”. Cuando los chicos van a la escuela con hambre, no hay pedagogía que funcione.