¿Cómo se explica que el mismo funcionario que en plena pandemia pedía “apoyo al presidente Fernández” y alertaba que “estamos a un paso de que se muera gente en la calle” ahora justifique la salida argentina de la Organización Mundial de la Salud? La contradicción del ministro Mario Lugones quedó al desnudo cuando se conocieron sus declaraciones de abril de 2021.
En aquellos días críticos del Covid, cuando era presidente de la Fundación Sanatorio Güemes, Lugones era categórico: “Tenemos que apoyar al presidente Fernández en la lucha contra el Covid. Esto va más allá de cualquier signo político”. Pedía mantener el distanciamiento social, usar tapabocas, vacunarse. Cinco años después, ese mismo médico defiende la decisión de Javier Milei de retirar al país del organismo que coordinó la respuesta global contra la pandemia.
La Asamblea General de la OMS que arrancó esta semana en Ginebra debe votar si acepta la salida argentina, confirmada el 17 de marzo. Pero hay un detalle que complica todo: Argentina debe tres años de aportes al organismo, y los estatutos exigen estar al día para poder retirarse. Además, el ingreso en 1948 fue por ley, por lo que la salida debería seguir el mismo camino legislativo.
El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, fue directo: “Argentina será menos segura”. Y agregó algo que debería hacer reflexionar a cualquier funcionario serio: “A los virus no les importa nuestra política, nuestras fronteras ni todas las excusas que podamos tener”. ¿Acaso el brote de Hantavirus que preocupa a la región entiende de soberanías nacionales?
La decisión parece más una copia berreta de Donald Trump que una política pensada para Entre Ríos y el país. Laboratorios como el Malbrán perderían su status de “centros colaboradores”, quedando fuera de las redes internacionales de vigilancia epidemiológica. ¿Qué pasaría si mañana aparece una nueva variante de algún virus en Concordia o Gualeguaychú? ¿Con qué herramientas la detectaríamos sin la cooperación internacional?
Lugones ahora argumenta que la OMS “avanzó promoviendo políticas que tuvieron consecuencias” y critica las “cuarentenas eternas”. Pero hay un problema: la OMS no tiene poder para imponer políticas sanitarias a ningún país. Cada gobierno decide. Lo que sí ofrece es cooperación técnica, vigilancia epidemiológica y coordinación ante emergencias. Justamente lo que un país serio necesita.
La pregunta que queda flotando es si esta decisión nos acerca al mundo desarrollado o nos condena al aislamiento sanitario. Por ahora, la respuesta parece obvia.
Con informacion de: Diario Junio.