¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo que trabajar ya no alcanza para vivir? En Concordia, esa frase se escucha cada vez más seguido. Y Gustavo Cresto, ex funcionario municipal, puso el dedo en la llaga con una reflexión que duele pero que hay que escuchar.
“Trabajar ya no garantiza llegar a fin de mes“, disparó Cresto al describir la realidad que viven muchas familias concordienses. Una verdad que golpea fuerte en una ciudad que históricamente vivió del trabajo, de las fábricas y del puerto. Hoy, las changas y el empleo informal se volvieron la norma, no la excepción.
El dirigente rechazó las explicaciones simplistas sobre la pobreza y fue al hueso del problema: “Cada vez que se aplicaron políticas de apertura indiscriminada, especulación financiera y fuga de capitales, el resultado fue el mismo: menos producción, cierre de empresas y más pobreza”. Un patrón que se repite como disco rayado en la historia argentina.
Los números del INDEC no mienten: la pobreza superó el 50% durante la crisis de 2001-2002 y volvió a trepar a niveles alarmantes en los últimos años. “El patrón es claro: cuando la economía deja de generar trabajo y el salario pierde valor, la pobreza crece”, resumió Cresto con la frialdad de quien conoce los números de memoria.
Pero acá, en Concordia, el golpe pega más fuerte. “Se siente con mayor intensidad: hay menos oportunidades, empleo inestable y un deterioro del tejido social que se profundiza en cada crisis”, advirtió. Es que las ciudades del interior no tienen el colchón de diversificación económica que pueden tener los grandes centros urbanos.
La receta que propone Cresto no es nueva, pero sí necesaria: “Políticas nacionales que apuesten a la producción, el trabajo, la educación y la ciencia“. Generar condiciones para el desarrollo productivo, promover oportunidades para los jóvenes y crear empleo durante todo el año. Suena lógico, pero en Argentina, lo lógico a veces parece imposible.
“Hay que salir de las explicaciones simplistas y construir un camino que genere oportunidades reales para la gente”, cerró Cresto. Una reflexión que debería llegar a quienes toman las decisiones, porque mientras tanto, en Concordia y en tantas otras ciudades entrerrianas, las familias siguen haciendo malabares para que la plata alcance.
Con informacion de: Diario Junio.