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La valía militar del José María Francia

Algunos rincones citadinos guardan recuerdos de regresos con gloria, como los de Francia y sus soldados, en 1859.

El 8 de mayo de 1887 falleció en Montevideo el general José María Francia, de dilatada actuación en Entre Ríos. Había nacido también en la costa oriental del Uruguay, Santo Domingo Soriano, en 1818. Era considerado como un militar de competencia técnica y experto conductor de tropas, pudiendo ser estimado como uno de los créditos militares de Urquiza.

 

Rubén I. Bourlot / Especial para EL DIARIO

La actuación de José María Francia recorre un período clave de la historia de Entre Ríos. Fue testigo y protagonista a la vez de una etapa bisagra en la institucionalización del país con sus avances y conflictos. Recorrer su biografía es una excusa para conocer un poco más la complejidad de un proceso histórico con protagonistas relevantes que opacaron su presencia.

Mirada su biografía en retrospectiva, se advierte que desde joven Francia se incorporó a las milicias entrerrianas con el grado de subteniente durante las gobernaciones de Pascual Echagüe (1832-1841), que vino a aplacar las aguas de la anarquía entrerriana.

Tuvo actuación destacada en las batallas de Pago Largo (1839), Cagancha (1839), Caá Guazú (1841) y India Muerta (1845). Siempre sobresalió por su valor. Acompañó a Urquiza en su campaña de 1842 y participó en la batalla clave de Arroyo Grande (1842), a cargo la artillería junto a Juan Bautista Thorne. En Paraná se casó con Ramona Puig, hermana de la esposa de Ricardo López Jordán (hijo), Dolores Puig.

Herido en Vences

Ante el fracaso de lo dispuesto en los tratados de Alcaraz, firmados por los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes en 1846, el 20 de octubre de 1847 el gobernador entrerriano Justo José de Urquiza resolvió atacar nuevamente a Corrientes. Partió desde su campamento de Calá al frente de 6.000 hombres, en tanto el Ejército de Corrientes, al mando del gobernador Joaquín Madariaga, contaba con 4.100 jinetes.

Una crónica especializada relata que el enfrentamiento se produjo en el sitio denominado potrero o rincón de Vences, situado poco más de 80 kilómetros de la ciudad de Corrientes. Es una elevación de forma aproximadamente circular de un diámetro no mayor de 800 metros, rodeada de bañados y malezas salvo en un estrecho espacio al Este de la misma (entrada del potrero). Madariaga hizo abrir una zanja en la mayor parte del perímetro y pozos de lobo en los lugares de más fácil acceso. El ataque federal contra el ejército correntino situado dentro del potrero se realizó simultáneamente contra el frente y a ambos flancos. La acción frontal estuvo a cargo de dos batallones de infantería, un escuadrón y dos cañones, contra las posiciones fortificadas de los correntinos, a órdenes del comandante Francia. Las fuerzas correntinas fueron derrotadas de modo contundente, pero Francia resultó gravemente herido.

Un suelto publicado por el periódico La Regeneración en 1850 da cuenta del reconocimiento a los muertos y heridos del ejército de la Confederación en la batalla de Potrero de Vences donde figura el teniente coronel José María Francia del batallón Entrerriano “herido gravemente de metralla”.

En Buenos Aires fue asistido y operado con intervención del doctor Ángel M. Donado pero las cicatrices de su cara no pudieron disimularse por lo que desde entonces las ocultó con una espesa barba.

Durante la presidencia de Urquiza fue comandante general interino de Entre Ríos, y ascendido a general en julio de 1858. El presidente Santiago Derqui lo nombró inspector general del ejército de la Confederación y más tarde, en diciembre de 1860, ministro de guerra y marina.

Asistió a las batallas de Caseros (1852) donde integró el batallón Urquiza, Cepeda (1859), como jefe de estado mayor y de la artillería, y Pavón (1861) como jefe de estado mayor. Tras la confusa derrota en esta última batalla Urquiza lo culpó por haber elegido un campo de batalla en que la caballería no podía maniobrar; pero fue justamente la caballería federal la vencedora al mando de Ricardo López Jordán. En A finales de ese mismo año, el gobernador Urquiza lo nombró comandante militar de Paraná.

 

Regreso con gloria

En 1859, tras el triunfo de Cepeda contra las fuerzas separatistas de Buenos Aires el ejército hizo su entrada triunfal en la capital de la Confederación, bajo el saludo de repiques de campanas. El pueblo entusiasta se había lanzado a las calles para aplaudir a los soldados y a sus jefes en un ambiente de indescriptible entusiasmo.

Según la crónica periodística, el pueblo ocupaba todo el trayecto de “La Batería” (hoy Parque Urquiza), la Alameda hasta la plaza 1º de Mayo, ubicándose el vecindario en aceras, balcones y azoteas. Los soldados desfilaron bajo arcos triunfales construidos por los propios vecinos en cada bocacalle y entre una lluvia y alfombra de flores arrojadas a su paso por señoras y niñas. El espectáculo se amenizaba con la novedosa ascensión de globos de colores. La recepción más entusiasta y tocante se tributó al batallón “Fidelidad”, acaso porque la mayoría de sus soldados, comandados por el general Francia, eran de Paraná.

En 1863 obtuvo la baja del ejército y se retiró a su estancia, y años más tarde se mudó a Montevideo. En 1883, fue reincorporado al Ejército Argentino como general de división, pero solamente para el cobro de jubilaciones.

El anciano general, en 1885, repasó con sentido crítico los hechos del Pronunciamiento en una carta a Antonino Reyes que había sido edecán de Rosas: “Usted va a juzgar del estado de ánimo de nuestro espíritu el día de la proclamación del bando y fijación de éste en las calles del Paraná, por el siguiente hecho histórico e imponente de que fui testigo: Yo era el Jefe de las armas, y la orden se dio para la formación de todas las tropas que allí se hallaban en un número de 2.500 hombres. La columna se puso en marcha y no se oía más que la voz del pregón comunicando al pueblo la separación de la provincia de Entre Ríos y supresión de la encomienda al gobernador de Buenos Aires en las relaciones exteriores. En la tropa se oía el mismo silencio durante la marcha. De repente una sola y única voz (el Dr. Evaristo Carriego) gritó: ¡Muera el tirano Juan Manuel de Rosas! La columna hizo un raro movimiento como es echar un paso atrás, toda ella, y nadie contestó”.

Después de una cruel enfermedad, atribuida a la herida sufrida en Vences, Francia falleció en Montevideo en 1887.

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