Nunca antes un Papa había entrado caminando por varias cuadras a una villa. Y León XIV lo hizo este sábado en su visita al barrio popular Casavalle, en la periferia de Montevideo, donde las balaceras interrumpen el sueño en las noches y donde los vecinos, hoy, lo recibieron en medio de aclamaciones.
“León, amigo, el barrio está contigo”, gritaban los vecinos, sorprendidos y agradecidos por la escena inédita del Papa recorriendo las calles acompañado por el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo. La imagen no era un simple paseíllo: era una señal de que la visita papal entraba al territorio más áspero, al que las balaceras le interrumpen el sueño de noche.
El Papa visitó la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, donde va a bendecir las viviendas del programa Familias de Guadalupe. Antes de eso, León XIV se salió de la agenda prevista para realizar una sorpresiva visita fuera del programa oficial al hogar sacerdotal de las Misioneras de Jesús Eternos Sacerdote, en el límite de los barrios montevideanos Jacinto Vera y Larrañaga.
El recorrido por Casavalle se volcó a lo concreto: calles, viviendas, gente. Fue un recorrido a pie por el barrio. El Papa entró con el paso de quien sabe que una villa no se visita desde afuera; vos sabés que hay que caminarla entre casas, entre gritos de aliento, entre el ruido que deja la inseguridad. Y en ese recorrido, la aclamación se mezcló con la bronca: el mismo barrio que aplaudía al pontífice también le exigía que la presencia no se quede solo en la bendición.
Funcionarios del gobierno de Yamandú Orsi estuvieron en el barrio para acompañar la visita papal. Y los vecinos increparon a algunos de ellos. “En mi cuadra la Policía no entra. Lo invito a vivir una semana acá, una semana en mi casa”, increpó una mujer al ministro del Interior, Carlos Negro. Ahí se mezcló la aclamación con el reclamo: el Papa venía a bendecir viviendas, pero la calle también pedía presencia, orden y una respuesta que no llega cuando la noche se vuelve ruido.
La escena quedó grabada como una de las más fuertes de la visita: un Papa caminando entre casas, escuchando gritos de aliento y también bronca por la inseguridad. No fue un recorrido protocolar, sino un paso hacia el lugar donde la vida cotidiana se mide por lo que no se puede dormir. Y esa imagen, más allá de la fe, le devolvió a Montevideo una pregunta incómoda: hasta cuándo las balaceras van a ser el paisaje nocturno de una villa que hoy recibió a León XIV con aplausos.