Fue un instante: el papa León XIV se aferró a la baranda del Papamóvil, sonrió y avanzó hacia miles de fieles en Paysandú.
La misa fue al aire libre, en un parque que se llenó de gente. La escena tuvo el tono de una región que espera al papa con cercanía, sin distancia protocolar.
La ceremonia se desarrolló en el parque París Londres, a 400 kilómetros de Montevideo, y reunió a unos 40.000 fieles.
El pontífice eligió el mate como imagen de la región: “Es signo de familiaridad, de amistad, de encuentro”, dijo. Para León XIV, esa bebida enseña a compartir, a acoger y a dialogar sin palabra.
También miró al puente General Artigas, que une a Uruguay con Argentina. “Qué importante es ser constructor de puentes”, afirmó, y pidió que el puente tenga buenos cimientos para no sucumbir ante el viento y las aguas.
El pontífice reflexionó sobre la importancia de construir puentes, fortalecer los vínculos comunitarios y transmitir la fe. No fue un discurso de torre marfil: fue una invitación a bajar la fe a la calle, al encuentro, a la vida común.
León XIV comparó a la Iglesia con las palmeras de la región: “No crecen aisladas, son muchas, no están solas ni aisladas”. La imagen fue directa: la comunidad no se sostiene en soledad, se sostiene en raíces compartidas.
También pidió estar preparados para dar razones de la fe ante quienes las soliciten y exhortó a no dejarse arrastrar por doctrinas extrañas. En un tiempo de ruido, esa advertencia suena a brújula: no perder el norte.
La visita uruguaya es la primera etapa de una gira que también lo llevará a Argentina y Perú. El papa estadounidense es el segundo pontífice que visita el país, 38 años después de Juan Pablo II.
Antes, en la Plaza Independencia de Montevideo, León XIV reclamó que la atención médica esté al alcance de todos, apenas tres semanas después de ser operado de un cáncer de pulmón.
En el Cabildo recibió la llave de la ciudad y, en la catedral, pidió a los obispos de todo el mundo convocar jornadas de oración y ayuno para aumentar las vocaciones.
El sábado, tras la misa, el pontífice emprendió el regreso a Montevideo para visitar el barrio Borro y encabezar una vigilia en el estadio Centenario, entre otras actividades.
El mensaje quedó claro: la fe no se encierra, se comparte. En una región que habla de puentes, el papa eligió el mate y el puente como recordatorio de que la comunidad se sostiene cuando no te quedás solo.