El fuego no preguntó por la historia: se llevó la vivienda de Martín Bernardo Narváez, el exboxeador que en Concordia todos conocen como «Cococha». Según el parte oficial, las llamas no alcanzaron las casas linderas y no se registraron personas lesionadas.
Más allá del golpe que significa perder el techo, el incendio volvió a poner en el centro de la ciudad a un vecino que trascendió el ring. Narváez nació en San Salvador y llegó a Concordia durante su juventud junto a su familia, donde desarrolló su trayectoria como boxeador.
Su figura no se sostuvo solo en los guantes. El carisma, el humor y la presencia habitual en las calles y en distintos eventos lo convirtieron en una postal de la vida cotidiana concordiense. También se lo recuerda por vender bolsitas de maní, por sus ocurrencias, frases características y bailes en encuentros deportivos y festivales populares.
En mayo de 2022, se había conocido que había comenzado los trámites jubilatorios. Esa noticia devolvió a la memoria de distintas generaciones a un personaje que formó parte de la identidad popular de Concordia, más allá del ámbito deportivo.
El incendio motivó la intervención de los equipos de emergencia. Tomó intervención un perito de la sección Bomberos Zapadores para realizar las actuaciones correspondientes y determinar las circunstancias del hecho. El origen no está definido: las pericias deberán establecer cómo se originó el fuego.
Por ahora, el dato que alivia es que no hubo heridos ni afectación de las viviendas vecinas. En Concordia, el incendio no solo dejó una casa consumida: también dejó una pregunta abierta sobre el origen del fuego, mientras la ciudad recuerda a uno de sus personajes más reconocibles.
Perder una casa es perder un mapa: los objetos, los recuerdos, las costumbres, las paredes que guardaban conversaciones. En el caso de «Cococha», el fuego tocó un espacio que también pertenecía a la memoria colectiva de Concordia.
No es poca cosa que un vecino se quede sin techo. Y menos cuando ese vecino lleva tiempo siendo parte de la calle, del festival, del encuentro deportivo, del relato popular. En Concordia, «Cococha» no era un nombre cualquiera: era una presencia que se reconocía antes que una cara.
La investigación será la que diga cómo se originó el fuego. Hasta entonces, lo único firme es el parte oficial: sin personas lesionadas y sin viviendas linderas alcanzadas. Esa certeza no borra el daño, pero impide que la nota se convierta en pánico.
También queda en el aire la dimensión humana del hecho. Un incendio no avisa, no pide permiso y no distingue entre una casa cualquiera y una casa que fue testigo de amistades, carreras, ocurrencias y bailes. Por eso, en Concordia, el fuego se siente distinto: se pierde un techo y se pierde un pedazo de la identidad local.