Un mes después, la acampada de la Puerta del Sol sigue plantada en el centro madrileño. El mensaje no admite ambigüedad: no se levanta hasta que haya una salida real y concreta al derecho a la vivienda.
El portavoz de comunicación, Juan Luis Sánchez, lo resumió sin vueltas: “En el momento en que las instituciones pongan solución, abandonaremos la plaza”. Esa frase quedó como bandera de un campamento que ya instaló entre 1.800 y 2.000 tiendas.
La permanencia no se sostiene por comodidad. Sánchez insistió en que no es cómodo dormir y vivir en la plaza, y vos sabés que la continuidad sigue siendo imprescindible hasta que se aseguren ciertos derechos.
Tampoco hay fecha de cierre. El movimiento es horizontal, todo pasa por asamblea y ninguna decisión de ese calibre se toma sin consenso.
La organización, en cambio, ya diseñó un protocolo para irse de manera ordenada cuando la asamblea lo decida. La salida, según lo explicado, sería progresiva, con recogida de elementos y la posibilidad de donar o devolver lo que se aportó.
Como primer avance, se hizo una desacampada sectorial. La idea fue facilitar el tránsito, los accesos al metro y a Renfe, y también reorganizar el interior del campamento.
El relato del movimiento insiste en que la continuidad depende de la voluntad política para enfrentar la crisis habitacional y la crisis social. Sin una respuesta firme de las administraciones públicas, la plaza sigue siendo el termómetro de la espera.
De fondo, quedó la agresión sexual denunciada en el campamento. La denuncia incluyó tocamientos a una mujer de 22 años y una agresión a otro acampado, y un joven fue detenido por la Policía Nacional.
El vocero no quiso detallar cómo ocurrieron los hechos. Dijo que no estaba en posición de catalogarlos, pero señaló que existe una sentencia en firme y que el juzgado la catalogó como agresión.
La denuncia, precisó, la hicieron la víctima y los testigos que estaban con ella. La resolución judicial, además, contempla una sanción a menos de 500 metros de la persona agredida.
El detenido también dio un puñetazo a un compañero, y ese hombre denunció para que se lleven adelante los procesos pertinentes. La causa judicial ya tiene recorrido y no es un hecho sin consecuencias.
La acampada de Sol sigue ahí, entre tiendas y asambleas. La espera ya no es solo por una vivienda: es por una respuesta institucional clara y firme.