El movimiento en la Terminal de Ómnibus de Paraná lo dice todo: valijas que salen, valijas que entran, abrazos en el andén y ese ruido de fondo que solo tienen los lugares donde la gente se despide y se reencuentra al mismo tiempo.
Es el efecto del recambio de vacaciones de invierno. Mientras Entre Ríos cerró su período de receso escolar, la provincia de Buenos Aires —el principal mercado emisor de turistas hacia la provincia— arrancó el suyo. El resultado es una terminal que no para: los entrerrianos vuelven a casa y los porteños llegan a visitar a sus familias.
El fenómeno no es nuevo, pero sigue siendo uno de los momentos más intensos del calendario turístico provincial. Paraná recibe cada invierno una porción significativa de ese flujo, tanto por los vínculos familiares como por la oferta cultural y gastronómica que fue creciendo en los últimos años.
En los andenes se cruzaron viajeros con destinos bien distintos: algunos volvían de la costa o de Córdoba, otros llegaban desde el conurbano bonaerense con el plan de quedarse unos días en la capital entrerriana. El denominador común era el frío y las ganas de llegar.
El recambio turístico de mitad de julio es, para muchos operadores locales, una de las pocas ventanas de alta ocupación en la temporada baja. Que Buenos Aires tenga su receso escolar desfasado respecto de Entre Ríos genera este efecto de solapamiento que mantiene activo al sector durante más días consecutivos.