El reloj corre y el agua todavía no llegó, pero los productores entrerrianos ya saben lo que viene. La Federación Agraria Entre Ríos encendió la alarma: más de 492.000 cabezas de ganado ubicadas en islas y campos inundables necesitan tierra firme antes de que el fenómeno El Niño convierta los bajos en un espejo de agua.
El escenario no es nuevo para quien trabaja la isla. Cada vez que los pronósticos climáticos empiezan a hablar de lluvias extraordinarias y crecidas del río Paraná, la carrera contra el tiempo se repite: mover hacienda, conseguir campos de recibo, negociar precios de pastaje. Lo que cambia esta vez es la escala. Casi medio millón de animales en movimiento simultáneo no es un dato menor para ningún mercado ganadero.
“Más que preocuparnos, debemos ocuparnos”, sintetizó uno de los productores involucrados, con esa filosofía práctica que tiene quien lleva décadas leyendo el río. La frase suena simple, pero esconde una logística enorme: identificar campos disponibles, calcular la carga animal que pueden soportar, coordinar traslados y evitar que la hacienda pierda estado o que los campos receptores queden sobreexigidos.
El problema no es solo climático: es también económico. Trasladar ganado tiene costos, el pastaje en campos de recibo tiene precio, y si la demanda de tierra seca se dispara porque todos buscan lo mismo al mismo tiempo, los valores pueden volverse prohibitivos para el productor chico. Ahí es donde la Federación Agraria juega un rol clave: articular, informar y presionar para que el Estado provincial no mire desde la orilla mientras el sector se las arregla solo.
Entre Ríos tiene una relación histórica con las inundaciones. Las islas del delta y los bajos del interior son parte del paisaje productivo provincial, pero también son la primera línea de riesgo cuando el clima se pone en contra. Que los productores estén moviéndose ahora, con meses de anticipación, habla de aprendizaje acumulado. La pregunta es si el sistema en su conjunto, desde el gobierno provincial hasta las rutas y los puertos de embarque, está igual de preparado para absorber el movimiento de casi medio millón de cabezas en un período corto.
Los próximos meses van a poner a prueba tanto la capacidad de respuesta del sector privado como la coordinación institucional. La hacienda no espera: si el agua sube, hay que haberla movido antes.