Hay lugares que guardan la historia de un país en sus paredes. La Casa Histórica del General Justo José de Urquiza, emplazada en el predio del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 2 Dragones Coronel Zelaya, es uno de esos sitios: residencia del primer presidente constitucional de la Confederación Argentina, conserva un valor histórico, arquitectónico y simbólico que pocos edificios de Entre Ríos pueden igualar. Y ahora, finalmente, el estado provincial decidió actuar.
Como primera etapa del proyecto, se realizó un relevamiento integral del inmueble con la participación de profesionales especializados en conservación patrimonial. Ese diagnóstico será la base para definir las acciones concretas de intervención, siempre respetando las características arquitectónicas e históricas del edificio. La Delegación Argentina ante la CTM de Salto Grande acompañó las tareas de inspección y brindó apoyo técnico para el registro documental.
El embajador Alejandro Daneri, presidente de esa Delegación, fue claro sobre el espíritu de la iniciativa: «Esta acción responde a la decisión del gobernador Rogelio Frigerio de poner en valor aquellos lugares que forman parte de la identidad de la provincia. Recuperar este espacio significa preservar una parte fundamental de la historia de Entre Ríos y de nuestro país». También anticipó que el objetivo va más allá de la conservación: «Queremos que este sitio recupere el protagonismo que merece, no solo como testimonio de la historia, sino también como un espacio abierto al conocimiento, la cultura y el turismo».
El museo es considerado uno de los inmuebles patrimoniales más importantes de la provincia. Su puesta en valor se enmarca en las políticas de preservación impulsadas por el gobierno de Rogelio Frigerio, que también incluyen la iniciativa para declarar al sitio como Monumento Histórico Provincial. La idea es incorporarlo progresivamente a los circuitos culturales, turísticos y educativos de Entre Ríos, dándole una proyección que hoy no tiene.
El relevamiento ya está en marcha. Ahora viene la parte más delicada: traducir ese diagnóstico en obras concretas que devuelvan al edificio la dignidad que merece, sin que el paso del tiempo siga ganando terreno sobre la historia.