El Día de la Ganadería llegó con buenas noticias para el sector, aunque con una agenda pendiente que el campo entrerriano no pierde de vista. Las exportaciones traccionan, el escenario es más estable que en años anteriores, pero la presión tributaria y el consumo interno siguen siendo las dos asignaturas que el sector reclama resolver.
Juan Diego Etchevehere, director del Distrito Entre Ríos de la Sociedad Rural Argentina, fue claro en su diagnóstico: el impulso exportador es real y marca una diferencia respecto a ciclos anteriores, pero no alcanza para dar por saldadas las deudas estructurales que arrastra la actividad.
El crecimiento de las ventas al exterior es el dato que más entusiasma al sector. En un contexto nacional donde la apertura de mercados y el tipo de cambio más competitivo favorecieron las colocaciones de carne argentina en el mundo, Entre Ríos no quedó afuera de esa corriente. La provincia tiene una base ganadera sólida y productores que, pese a años de incertidumbre, sostuvieron sus rodeos.
Pero Etchevehere no se quedó solo con el brindis. Marcó con precisión los dos flancos que preocupan: fortalecer el consumo interno y reducir la presión tributaria. Dos reclamos históricos del campo que, en este nuevo escenario político, encuentran un gobierno nacional con más predisposición a escuchar, aunque los resultados concretos todavía se hacen esperar en las chequeras de los productores.
El consumo de carne vacuna en Argentina viene mostrando una tendencia a la baja en los últimos años, empujado por la suba de precios al mostrador y la pérdida de poder adquisitivo de los sectores medios y bajos. Para el sector ganadero, eso es una paradoja incómoda: exportar más mientras los argentinos comen menos carne. El equilibrio entre mercado externo e interno es una tensión que el sector no puede ignorar si quiere construir un modelo sustentable a largo plazo.
La carga impositiva, por su parte, es otro nudo difícil de desatar. Retenciones, impuestos provinciales, tasas municipales y costos de faena se acumulan sobre una actividad que ya carga con la volatilidad climática y los vaivenes del mercado internacional. En ese contexto, la estabilidad que destaca Etchevehere es un punto de partida, no un punto de llegada. El Día de la Ganadería es una buena oportunidad para celebrar lo conseguido, pero también para poner sobre la mesa lo que falta.