Rogelio Frigerio se puso las botas y salió al asfalto —o lo que queda de él— para recorrer las obras que avanzan sobre las rutas provinciales 4 y 22, en el departamento Concordia. Dos arterias que, según el propio gobernador, llegaron a su gestión en un estado deplorable.
“Esta ruta es una ruta fundamental que va de Concordia a Federal, destruida como prácticamente todas las rutas que heredamos”, disparó Frigerio durante la recorrida. La frase no es solo un diagnóstico técnico: es también un posicionamiento político que el gobernador del PRO repite cada vez que puede, marcando distancia con la administración anterior.
Las dos obras se enmarcan en el plan de recuperación vial que la provincia viene ejecutando en distintos puntos del territorio entrerriano. El corredor Concordia-Federal tiene peso estratégico para la zona norte: conecta la segunda ciudad de la provincia con localidades del interior profundo, y su deterioro afecta directamente a productores rurales, transportistas y vecinos que dependen de esa traza para moverse.
Que el gobernador haya elegido este tramo para una recorrida en terreno no es casual. Concordia es una ciudad políticamente sensible, con una economía golpeada y una demanda histórica de infraestructura que ninguna gestión terminó de resolver del todo. Mostrar avance de obra ahí tiene valor simbólico y electoral, aunque las rutas hablen por sí solas cuando estén terminadas.
El desafío ahora es que las obras lleguen a buen puerto: en Entre Ríos, no es la primera vez que una recorrida de gobernador inaugura expectativas que después el presupuesto o los plazos se encargan de enfriar.