Una piedra, un vidrio roto y pocos segundos. Así operó el ladrón que esta madrugada del martes eligió como blanco un comercio ubicado en la esquina de Almafuerte y República Dominicana, en Paraná.
El método fue tan simple como efectivo: el delincuente arrojó una piedra contra el vidrio de acceso al local, ingresó sin mayores obstáculos y se llevó la caja registradora. Sin alarma que lo detuviera, sin testigos que lo frenaran, sin nada que se interpusiera entre él y la salida.
El propietario del comercio estimó que en el interior de la caja había entre $50.000 y $100.000 en efectivo. No es una fortuna, pero tampoco es poco: es el tipo de golpe rápido y silencioso que deja al dueño con el vidrio roto, el local abierto al frío de la madrugada y la sensación de que la inseguridad no descansa.
El hecho quedó registrado y el caso fue puesto en conocimiento de las autoridades. La investigación para identificar al autor está en curso.