Un remis proveniente de Gualeguay terminó siendo el vehículo de la perdición para dos cazadores furtivos. Los hombres fueron interceptados en Enrique Carbó con un cargamento que no dejaba lugar a dudas: armas de fuego y carne de ciervo faenada.
El operativo policial se desarrolló cuando efectivos de la Comisaría de Enrique Carbó detectaron el vehículo en circunstancias sospechosas. Al proceder a la requisa, los uniformados encontraron no solo las armas sin la documentación correspondiente, sino también restos del animal cazado ilegalmente.
Los elementos secuestrados incluían equipamiento de caza completo y la carne del ciervo ya procesada, lo que evidencia que la cacería ilegal había sido consumada en territorio entrerriano. La fauna autóctona vuelve a ser víctima de quienes operan al margen de la ley.
¿Cuántos animales más habrán cazado antes de ser descubiertos? La pregunta queda flotando mientras la Justicia avanza en la investigación por doble infracción: tenencia ilegal de armas de fuego y caza furtiva.
Los dos imputados quedaron a disposición de la autoridad judicial competente, que deberá determinar las sanciones correspondientes. Entre Ríos mantiene controles estrictos para proteger su biodiversidad, pero casos como este demuestran que aún hay quienes desafían las normativas ambientales.
La caza ilegal no solo afecta el equilibrio ecológico provincial, sino que también representa un delito federal cuando involucra especies protegidas. El episodio de Enrique Carbó sirve como advertencia para otros cazadores que operen fuera de la ley en territorio entrerriano.