¿Cómo es que una empresa puede prometer tarifas 17% más baratas cuando ya está todo licitado? La pregunta que se hacen las cerealeras entrerrianas tiene una respuesta que huele a trampa. A pocos días de que el Gobierno le adjudique definitivamente la concesión por 25 años sobre la Hidrovía, el consorcio integrado por la dragadora belga Jan de Nul y Servimagnus salió con los tapones de punta a explicar por qué su competidor DEME puede ofrecer lo que parece imposible.
La cosa es así: tanto Jan de Nul como DEME propusieron cobrar la misma tarifa de peaje, la mínima que permitía el Gobierno en la licitación: 3,80 dólares por tonelada en una primera etapa. Es una baja del 13,5% respecto a los valores vigentes de 4,30 dólares. Pero Jan de Nul fue preadjudicada por tener la mejor oferta técnica, según la Agencia Nacional de Puertos y Navegación.
Ahí fue cuando DEME le mandó una carta al ministro de Economía Luis Caputo diciendo que podía hacer todo más barato. Y ahí saltó la liebre. Jan de Nul respondió con una carta firmada por Wim Bosteels y Leonardo Román de Servimagnus, dirigida a Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera Argentina, que agrupa a las grandes cerealeras del país.
La acusación es directa: DEME puede ofrecer precios más baratos porque su propuesta está llena de agujeros. Según Jan de Nul, su competidor está “omitiendo el pago de impuestos, falta de inversión adecuada y errores de cálculo”. Los números que manejan son contundentes: mientras DEME incluyó solo 95 millones de dólares para el pago de IVA durante los 25 años, un cálculo razonable llevaría ese valor a 1.600 millones de dólares.
En inversiones, la diferencia es aún más brutal. DEME solo planea invertir 280 millones de dólares en los primeros cinco años y cero en los 20 años restantes. Jan de Nul promete superar los 850 millones de dólares. Y como si fuera poco, acusan a DEME de sobreestimar sus ingresos en 370 millones de dólares al calcular mal las tarifas máximas permitidas.
Para las cerealeras entrerrianas que mueven su producción por el río Paraná, esto no es un detalle menor. La Hidrovía es la arteria vital que conecta los puertos de Concepción del Uruguay, Diamante y Ibicuy con el mundo. Una licitación mal hecha puede significar problemas de dragado, señalización deficiente o, peor aún, sobrecostos que terminen pagando los productores.
La conclusión de Jan de Nul es lapidaria: “La oferta de DEME no permite un ahorro porque sea más competitiva, sino que se trata de una oferta negligente”. En otras palabras, cuando algo parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea. Y en el negocio de la Hidrovía, los errores de cálculo los terminan pagando los que mueven la carga.