El Banco Central acaba de abrir una puerta que estuvo cerrada durante más de dos décadas. Las empresas no exportadoras ahora podrán acceder a créditos en dólares, una flexibilización que rompe con las restricciones que rigieron desde la crisis de 2001.
La medida modifica una norma prudencial que se instaló como blindaje después del colapso de la convertibilidad, cuando los descalces de monedas hundieron a miles de deudores que habían tomado préstamos en dólares pero cobraban en pesos. Ahora, el BCRA considera que hay condiciones para dar vuelta esa página.
¿Cuál es el truco? Las compañías que quieran acceder a estos préstamos en moneda extranjera deberán presentar garantías sólidas: firmas que demuestren tener flujos comprobables en dólares. Es decir, no alcanza con querer; hay que poder demostrar que se tiene la espalda financiera para bancar el riesgo cambiario.
Para las empresas entrerrianas que operan en sectores como la construcción, el comercio o los servicios, esta apertura podría significar acceso a financiamiento más barato, considerando que las tasas en dólares suelen ser menores que las de pesos. Pero también implica asumir el riesgo de devaluación, ese fantasma que persigue a cualquier deudor en moneda extranjera.
La decisión del Central llega en un contexto de mayor estabilidad cambiaria y reservas en recuperación, condiciones que no existían en décadas anteriores. Sin embargo, la pregunta que flota en el aire es si las empresas han aprendido las lecciones de 2001 o si la tentación del dólar barato puede más que la prudencia financiera.