¿Estamos preparados para lo que se viene? El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) lanzó una advertencia que pone los pelos de punta: Entre Ríos podría enfrentar un escenario de precipitaciones extremas si se consolida el evento El Niño que los especialistas pronostican con una probabilidad del 98% para el trimestre mayo-julio de 2026.
El Grupo Recursos Naturales del INTA no se anduvo con vueltas. Sus análisis técnicos proyectan escenarios de lluvias extraordinarias que podrían desbordar la capacidad de respuesta de la infraestructura provincial. Desde Paraná hasta Concordia, pasando por Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, ninguna zona quedaría exenta de los efectos de este fenómeno climático que promete reescribir los mapas de riesgo hídrico.
La cosa es seria. Los especialistas hablan de precipitaciones que superarían ampliamente los registros históricos, con consecuencias directas sobre la producción agropecuaria, la infraestructura vial y hasta el abastecimiento de agua potable en algunas localidades. ¿El objetivo del informe? Facilitar la planificación preventiva y la toma de decisiones antes de que sea demasiado tarde.
Lo que más preocupa a los técnicos es la saturación de los suelos entrerrianos, que ya vienen castigados por las variaciones climáticas de los últimos años. Un evento El Niño extremo podría generar anegamientos prolongados en zonas productivas clave, afectando no solo a los productores sino a toda la cadena económica provincial.
El gobernador Rogelio Frigerio y su equipo tendrán que poner manos a la obra. Las proyecciones del INTA no son para tomar a la ligera: estamos hablando de un fenómeno que podría impactar desde Federación hasta Diamante, alterando los patrones de producción y obligando a repensar las estrategias de desarrollo territorial.
La pregunta del millón es si Entre Ríos está preparada para enfrentar este desafío climático. Con una probabilidad del 98% de que El Niño se consolide en los próximos meses, no queda tiempo para la improvisación. La provincia necesita un plan de contingencia robusto que incluya desde obras de infraestructura hasta protocolos de emergencia para productores y municipios.