Después de meses de tensión y paros que paralizaron las aulas, Nación y las universidades finalmente llegaron a un acuerdo que promete calmar las aguas. Pero ojo: la cosa no termina acá.
La propuesta que se puso sobre la mesa incluye una recomposición salarial en dos etapas: un primer ajuste en julio y otro en octubre. No es todo: también hay plata extra para el programa de becas y para los hospitales universitarios, esos centros de salud que atienden a miles de entrerrianos cuando el sistema público colapsa.
¿Suena bien? Sí, pero hay un detalle que no se puede pasar por alto. La demanda judicial por la Ley de Financiamiento sigue firme en los tribunales. Es decir, mientras los rectores festejan el acuerdo, los abogados siguen peleando en los juzgados para que se cumpla lo que ya estaba escrito en la ley.
En Entre Ríos, donde la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) y la Universidad Tecnológica Nacional tienen sedes en Paraná, Concordia y otras ciudades, este acuerdo llega como agua en el desierto. Los docentes venían con los sueldos pisados por la inflación y los estudiantes sufrían las consecuencias de aulas cerradas.
Pero la pregunta que flota en el aire es simple: ¿este acuerdo va a durar o es solo un parche para ganar tiempo? La historia reciente no invita al optimismo. Cada vez que hay un arreglo, a los pocos meses vuelven los reclamos porque la inflación se come todo.
El panorama queda así: por un lado, un respiro para el sector educativo que permite volver a la normalidad. Por el otro, una batalla judicial que puede cambiar las reglas del juego si los jueces fallan a favor de las universidades. En el medio, miles de estudiantes entrerrianos que solo quieren estudiar sin sobresaltos.