Los números cantan: producción porcina creció 7,9% y la faena subió 6,4% interanual. Pero detrás de estas cifras que parecen celebratorias se esconde una realidad que preocupa a los productores entrerrianos y de todo el país.
¿Cómo puede ser que con más producción y más consumo, el sector porcino argentino tenga una balanza comercial negativa? La respuesta está en las importaciones que siguen golpeando fuerte, mientras los productores locales luchan por encontrar mercados de exportación que les permitan equilibrar la ecuación.
El dato que más duele es el precio del capón que quedó atrasado frente a la inflación y los costos de producción. Los criadores de Entre Ríos, una provincia con tradición en el sector, ven cómo sus márgenes se achican mientras el mercado interno crece pero no alcanza para sostener la rentabilidad.
La Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) reveló estos números que muestran el crecimiento del consumo per cápita, pero también exponen la vulnerabilidad de un sector que no logra despegar en el comercio exterior. Los productores entrerrianos conocen bien esta historia: más volumen, más trabajo, pero sin la recompensa económica esperada.
El desafío ahora es doble: abrir mercados de exportación que permitan colocar la creciente producción y lograr que los precios internos reflejen el verdadero valor del producto. Porque producir más para vender barato no es negocio que aguante mucho tiempo, y los números de FADA lo confirman con crudeza.