¿Quién hubiera imaginado que Citroën le iba a dar la espalda al país después de 28 años fabricando autos sin parar? La noticia cayó como un baldazo de agua fría: la automotriz francesa dejará de producir vehículos en Argentina, y con eso se cierra un capítulo que parecía eterno.
La decisión de Stellantis, el gigante que maneja la marca, pega directo en la mandíbula de la planta de El Palomar. Ahí, donde durante décadas salieron miles de autos que circularon por todo el país, ya empezaron a moverse las fichas del final: retiros voluntarios y suspensiones que suenan a despedida definitiva.
No es solo una empresa que se va. Es toda una historia que se corta de cuajo, con trabajadores que dedicaron su vida a esa fábrica y ahora se enfrentan a la incertidumbre más absoluta. ¿Qué va a pasar con esas familias que dependían del sueldo de Citroën? ¿Quién se hace cargo de décadas de experiencia que se van al tacho?
La industria automotriz argentina viene golpeada desde hace rato, pero esto es un mazazo directo al corazón de un sector que parecía resistir todos los temporales. Citroën no era una marca cualquiera: era parte del paisaje, de esa Argentina que apostaba a la producción nacional.
Mientras los números fríos de Stellantis justifican la decisión con balances y proyecciones, del otro lado quedan personas reales enfrentando un futuro incierto. El Palomar se prepara para un silencio que va a doler mucho más que cualquier crisis económica que hayamos vivido.