¿Se puede cuidar el ambiente sin quebrar a las empresas? Esa es la pregunta del millón que intentan responder la Unión Industrial Argentina (UIA) y 13 cámaras sectoriales que acaban de firmar un acuerdo para impulsar una nueva Ley de Envases.
El documento, que llega en un momento donde la presión ambiental crece tanto como la crisis económica, busca ese equilibrio casi imposible: una normativa que “debería cuidar el ambiente y al mismo tiempo asegurar la productividad y competitividad de las empresas”.
La movida no es casual. Con el gobierno de Javier Milei enfocado en la desregulación y la competitividad, los industriales quieren adelantarse al debate antes que les impongan una ley que no contemple sus necesidades. La experiencia con normativas ambientales anteriores les enseñó que es mejor sentarse a la mesa desde el principio.
Las 13 cámaras involucradas representan sectores clave como alimentos, bebidas, cosméticos y productos de limpieza. Todos coinciden en que la responsabilidad extendida del productor debe ser gradual y con incentivos, no un martillazo que liquide la producción nacional.
El tema de fondo es complejo: Argentina genera millones de toneladas de residuos de envases por año, pero también tiene una industria que emplea a cientos de miles de trabajadores. La nueva ley deberá encontrar el punto justo entre sustentabilidad ambiental y sustentabilidad económica.
Los empresarios saben que el mundo va hacia normativas más exigentes en materia ambiental, y que quedarse afuera de esa tendencia puede costarles mercados de exportación. Pero también saben que una ley mal diseñada puede ser el tiro de gracia para sectores ya golpeados por la recesión.