El número es escalofriante: ya son 19 los intoxicados por monóxido de carbono en lo que va del año en Entre Ríos. El dato surge del Centro de Información, Asesoramiento y Asistencia Toxicológica de la provincia, que depende de la Dirección General de Epidemiología.
Analía Corujo, referente del centro, fue clara al marcar los errores que pueden costar caro: “Es fundamental evitar el uso de artefactos no diseñados para calefaccionar, como hornallas y hornos”. Una práctica que muchos entrerrianos siguen haciendo cuando aprieta el frío, sin saber que están jugando con fuego.
Pero hay más. La profesional insistió en algo que pocos controlan: la correcta instalación del calefón, los tirajes y salidas de calefactores. Todo debe ser revisado por un gasista matriculado. Y acá viene el detalle que puede salvar vidas: en todos los casos, la llama debe ser azul. Si es amarilla o naranja, hay problema.
¿Quiénes están en mayor riesgo? Los niños, las personas mayores y quienes padecen enfermedades crónicas cardíacas, respiratorias o anemia. También las mascotas y las embarazadas, porque las secuelas neurológicas pueden ser devastadoras para el bebé.
Lo traicionero de este gas es que no tiene color ni olor, no irrita y es menos denso que el aire. Los síntomas van desde náuseas y dolor de cabeza hasta pérdida de conciencia. Corujo advirtió que puede confundirse con intoxicaciones alimentarias o síntomas gripales. Pero hay una señal particular: la claudicación muscular.
La clave está en la ventilación. Siempre debe quedar alguna abertura de 5 centímetros donde hay artefactos que consumen oxígeno. Y si usás braseros o estufas a kerosén, enciéndelos y apagálos en el exterior, y retiralos del ambiente antes de acostarte.
Con 19 casos ya registrados en Entre Ríos este año, la prevención no es un consejo: es una necesidad urgente. Porque el monóxido de carbono no avisa, no perdona y puede convertir una noche fría en una tragedia irreversible.
Con informacion de: Diario Junio.