La frase cayó como una bomba en el debate político. Luis “Toto” Caputo dijo que “Argentina empieza a parecerse a un país normal como Perú” y desató una discusión que va mucho más allá de las comparaciones económicas. ¿Qué quiso decir el ministro? ¿Es un halago o una advertencia?
El análisis que circula en medios especializados pone el dedo en la llaga de algo más profundo: las diferencias históricas entre ambos países y cómo esas diferencias moldearon sociedades completamente distintas. Mientras Argentina se construyó con inmigración europea que trajo ideas de la revolución industrial, anarquistas, socialistas y comunistas que forjaron una conciencia obrera única en la región, Perú tuvo un derrotero completamente diferente.
La particularidad argentina no es casual. Esa inmigración masiva de fines del siglo XIX y principios del XX no solo cambió la fisonomía del país, sino que introdujo una forma de pensar la política y la economía que desembocó en algo irrepetible: el peronismo. Un movimiento que logró integrar todo el arco de pensamientos post industriales europeos con la nueva burguesía nacional, dándole a las clases populares un lugar real en el poder.
¿Pero qué pasó en Perú? La historia es radicalmente distinta. Un país con fuerte raigambre de pueblos originarios, devastado por una colonización puramente extractivista centrada en el oro y la plata. Después de la independencia, la población originaria siguió excluida mientras una elite criolla y militar dominaba el poder. No hubo inmigración masiva europea, no hubo ideas revolucionarias industriales, no hubo peronismo.
Cuando Caputo habla de que Argentina se parece a “un país normal como Perú”, ¿está celebrando o lamentando? La pregunta no es menor. Porque si Argentina se “peruniza”, significa que está perdiendo esa particularidad histórica que la distinguió en América Latina: la fuerza de un movimiento popular que pudo darle protagonismo real a los trabajadores.
El debate entre “perunizarse” o “peronizarse” no es solo semántico. Es una discusión sobre qué modelo de país queremos: uno donde las clases populares tengan voz y voto en las decisiones centrales, o uno donde vuelvan a quedar excluidas del poder real. La frase de Caputo, leída en este contexto, suena más a proyecto político que a simple comparación económica.
Con informacion de: Diario Junio.