En Concordia, un hecho puntual terminó de poner sobre la mesa una discusión que ya venía creciendo: la proliferación de acompañantes terapéuticos que ejercen sin matrícula. El Colegio de Acompañantes Terapéuticos de Entre Ríos no se quedó mirando: según su secretario, Ceferino, la preocupación no se limita a ese episodio.
Desde que la actual Comisión Directiva asumió el 15 de agosto, comenzaron a llegar reclamos de profesionales matriculados. Ceferino contó que observó una expansión de estas prácticas en distintos puntos de la provincia, especialmente en la Costa del Uruguay, en localidades pequeñas y también en Paraná. La pregunta incómoda es simple: ¿cuántas personas te están asistiendo sin título ni habilitación?
Uno de los motores del problema es la oferta de capacitaciones breves que prometen una salida laboral en pocos meses. Como ejemplo, Ceferino mencionó un folleto recibido de una institución de Concepción del Uruguay, que promocionaba «Acompañamiento terapéutico y apoyo en salud mental» con certificación en nueve meses. «Es un curso que no tendría validez legal para ejercer el acompañamiento terapéutico en la provincia», advirtió.
El detalle importa: para ejercer legalmente como acompañante terapéutico en Entre Ríos se necesita un título universitario, una tecnicatura de tres años y la matrícula profesional otorgada por el Colegio. Además, para matricularse se presentan certificados de antecedentes penales y de reincidencia. Esas capacitaciones no reemplazan la formación universitaria ni el sustento teórico y práctico de una tecnicatura profesional.
Hoy el padrón provincial cuenta con casi 600 profesionales matriculados, según la última actualización mencionada por Ceferino. El registro puede consultarse en la página web del Colegio de Acompañantes Terapéuticos y está disponible para toda la provincia. Las denuncias por ejercicio ilegal las recibe la Secretaría de Asuntos Gremiales y Legales, junto con el asesor legal, que analiza cada situación y procura darle curso.
El caso de Concordia tuvo un giro particular: una persona que ejercía de manera ilegal como acompañante terapéutica habría sustraído pertenencias de una trabajadora de la institución educativa donde se desempeñaba. El Colegio tomó conocimiento a través de medios digitales y televisivos, y la Secretaría se comunicó con la directora del establecimiento para advertirle sobre los riesgos de incorporar personas sin matrícula profesional.
Según relató la directora, la contratación había sido realizada directamente por la familia del alumno. Desde el Colegio consideran que las instituciones también deben verificar la documentación de quienes ingresan a trabajar con personas que requieren acompañamiento, independientemente de quién haya realizado la contratación. No alcanza con mirar hacia otro lado cuando la tarea se desarrolla dentro de un establecimiento: no te podés fiar de cualquiera.
El riesgo no se agota en una irregularidad administrativa. Ceferino recordó que el Colegio también intervino en una situación en la que un supuesto acompañante terapéutico habría abusado sexualmente de la persona a la que asistía. «Estamos continuamente ante esos riesgos», señaló, en referencia al episodio de Concordia. Ahí la discusión deja de ser técnica: se trata de protección, de confianza y de responsabilidad.
El Colegio recuerda que el acompañante terapéutico es un agente del campo de la salud mental y que su tarea exige presencia atenta, empática e implicada. Tampoco debe confundirse con otras profesiones. La verificación de títulos y matrícula profesional no es un trámite burocrático: es una condición para que el cuidado no se convierta en un riesgo.