Paraná no solo ofreció vino: ofreció territorio, gastronomía y una señal clara de que el enoturismo ya no es un capricho de fin de semana. Las VI Jornadas Nacionales de Turismo del Vino y el Primer Congreso Regional de Vitivinicultura, Enoturismo y Gastronomía se desarrollaron el jueves 22 y viernes 23 de octubre con una convocatoria que superó las expectativas.
El número no es menor: 600 inscriptos, 27 bodegas del país y una agenda que mezcló producción, turismo y mesa. No fue una muestra local: fue un encuentro federal que puso en la misma mesa a regiones vitivinícolas emergentes y a experiencias productivas de distintas provincias.
Jorge Satto, presidente del Ente Mixto de Turismo de Entre Ríos (EMTURER), lo resumió sin vueltas: “Este evento es la consecuencia de un trabajo constante que viene haciendo la provincia como productora vitivinícola y en el desarrollo del enoturismo”. Para el funcionario, la elección de Paraná como sede y la presencia de autoridades, productores y especialistas le dieron dimensión nacional al encuentro.
La agenda reunió experiencias de Entre Ríos, Salta, La Rioja, Chubut, Neuquén, Mendoza, Santiago del Estero, Córdoba, San Luis, Santa Fe y Río Negro. Los paneles no se quedaron en el copo: hablaron de gobernanza de destinos, sostenibilidad, comercialización y de cómo integrar vino, gastronomía y turismo para sumar valor a la producción.
Satto puso el foco en la articulación entre actividades como condición para desarrollar destinos enoturísticos. “Los participantes pudieron visualizar cómo una bodega o un producto como el vino puede convertirse en un destino a partir de agregar valor con el esquema de gobernanza que propone nuestra provincia, esto es la cooperación y el trabajo conjunto con otras actividades como la gastronomía, el termalismo, las fiestas populares”, explicó. Ahí aparece la jugada de fondo: no vender solo una etiqueta, sino vender un territorio con experiencias.
La Galería del Vino y los Sabores fue el espacio que pegó la fiesta al público: degustaciones de etiquetas de distintas regiones, gastronomía, cocina en vivo, música y productos regionales. Con 27 bodegas participantes, el recorrido puso en contacto directo a productores y visitantes, y mostró que el turismo del vino no se agota en la copa: también se sabe con el territorio, los sabores y la identidad.
Las visitas técnicas a bodegas entrerrianas completaron la agenda con recorridos por establecimientos locales y oportunidades de intercambio sobre producción y comercialización turística. Satto sumó un dato que te conviene leer con lupa: “Hay un número interesante que indica que se consume menos vino que el histórico en cuanto a cantidad de litros, pero cada vez hay más desarrollo del enoturismo porque la gente se convoca a tomar el vino en origen”.
Las jornadas fueron organizadas por la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, el Gobierno de Entre Ríos y la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), mientras que el congreso contó con el aporte de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) y la empresa local Costanera 241. Quedó una idea instalada: el vino entrerriano no compite solo contra el vino; compite con la experiencia de llegar, recorrer, probar y quedarse.