Un temporal feroz golpeó Concordia y dejó una víctima inesperada: la fábrica de alfajores La Maga, uno de esos emprendimientos que sostienen el tejido productivo local con trabajo genuino y producto propio. El viento y la lluvia destruyeron gran parte del techo de las instalaciones, y lo que vino después fue peor: el agua se metió adentro y arrasó con lo que encontró.
Según informó la propia empresa, máquinas, herramientas y materia prima quedaron expuestas a la lluvia. Un golpe doble: primero la infraestructura, después los insumos. Para una fábrica que depende de su capacidad productiva diaria, cada hora sin techo es plata que no entra y producto que no sale.
Desde La Maga pidieron colaboración para poder proteger las instalaciones mientras se avanza hacia una reparación definitiva. No es un pedido menor: cubrir una superficie industrial dañada requiere materiales, mano de obra y tiempo, y el invierno no da tregua.
El temporal que afectó a Concordia volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de los pequeños y medianos productores ante los fenómenos climáticos. Sin seguros suficientes, sin fondos de emergencia accesibles y con la inflación comiendo cualquier reserva, un temporal puede borrar años de esfuerzo en cuestión de horas. La Maga sigue en pie, pero necesita una mano para no perder más de lo que ya perdió.