Las vacaciones de invierno en Paraná tienen un punto de encuentro concreto: la feria de emprendedores que, lejos de ser un evento de fin de semana, se instaló como una propuesta sostenida durante toda la temporada. 250 puestos, dos patios gastronómicos y una grilla de actividades que no para son la carta de presentación.
El subsecretario de Producción, Oscar Bustamante, lo sintetizó sin vueltas: la feria “moviliza la economía”. No es un slogan vacío. Cuando cientos de emprendedores despliegan su oferta y miles de vecinos y turistas circulan entre los puestos, el impacto se siente en el bolsillo de quienes producen y venden, no en el de ninguna corporación.
La propuesta combina lo comercial con lo vivencial. Los dos patios gastronómicos le dan a la feria ese componente de salida familiar que en invierno se agradece doble: algo rico, algo caliente, algo que justifica salir de casa cuando el frío aprieta. Y alrededor, la diversidad de rubros que caracteriza a este tipo de espacios, desde artesanías hasta productos regionales, pasando por indumentaria y diseño local.
En un contexto económico donde el emprendedorismo se convirtió en tabla de salvación para muchas familias entrerrianas, ferias de esta escala no son un lujo ni un adorno del calendario municipal: son infraestructura real para que la producción independiente tenga dónde mostrarse y venderse. Que el municipio apueste a sostenerla durante las vacaciones de invierno, cuando el movimiento turístico sube aunque sea moderadamente, es una decisión que tiene lógica.
La feria permanecerá abierta hasta el 20 de julio, con lo que quedan días para aprovecharla. Una buena excusa para recorrer, consumir local y apoyar a los que se la juegan todos los días con su propio emprendimiento.