En el Tedeum del 9 de Julio, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, no se guardó nada. Con el presidente Javier Milei y buena parte de su gabinete en primera fila, el prelado lanzó un mensaje que sonó a interpelación directa: hay voces que no se pueden ignorar.
“Hay llantos, lamentos y gritos que claman pidiendo ayuda”, dijo García Cuerva desde el altar, y los nombró uno por uno: los pobres, los jubilados, los enfermos, los discapacitados. La escena política era elocuente: junto a Milei estaban el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri, el jefe de Gabinete Diego Santilli, la secretaria general de la Presidencia Karina Milei, la senadora Patricia Bullrich, el asesor Santiago Caputo y el canciller Pablo Quirno, entre otros. Todos escucharon.
El arzobispo fue claro en su diagnóstico: “Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable”. Pidió “respetar a los demás”, reconocer sus valores y “compadecerse de sus angustias”. Y convocó a “salir de nuestra coraza y caminar con los demás”, con una frase que funcionó casi como consigna: “Este 9 de Julio comprometámonos a caminar unidos hacia un desarrollo integral que tanto anhela nuestro pueblo”.
García Cuerva también supo leer el clima del momento. En pleno Mundial 2026, apeló a la euforia colectiva que despertó la selección argentina para hablar de lo que el país podría ser si aplicara esa misma energía a sus problemas reales. Citó textualmente una publicación de Lionel Messi en redes sociales tras la consagración: “Demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos”. El capitán del equipo habló de mérito colectivo, de un grupo por encima de las individualidades, de un sueño compartido.
El mensaje del arzobispo fue, en el fondo, una pregunta sin respuesta inmediata: si los argentinos son capaces de unirse detrás de una camiseta, por qué les cuesta tanto hacerlo detrás de los que más necesitan. La homilía terminó con el llamado a “seguir con la camiseta puesta”, esta vez no en una cancha, sino en la construcción de un país que no deje a nadie afuera.