Doce medallas traídas desde Lima, Perú. Eso es lo que dejó el Campeonato Sudamericano de Taekwondo para la delegación entrerriana, que volvió al país con el pecho inflado y la cabeza ya puesta en lo que viene.
El entrenador Andrés Pérez fue uno de los que habló sobre lo que significó esta participación. No fue un viaje sencillo: conseguir los recursos para llegar hasta Perú implicó un esfuerzo considerable, el tipo de sacrificio silencioso que suele quedar fuera de los titulares pero que define si un deportista llega o no a la competencia.
Doce preseas en un torneo sudamericano no es un número menor. Es una señal de que el trabajo en las academias entrerrianas está dando frutos reales, con atletas que compiten de igual a igual contra representantes de toda la región. El taekwondo provincial viene creciendo de manera sostenida, y este resultado en Lima es quizás la muestra más contundente de ese proceso.
Los propios deportistas reconocieron que la experiencia internacional les abre la cabeza y les cambia la perspectiva del entrenamiento diario. Competir afuera, contra otros estilos y otras escuelas, es una lección que no se aprende en ningún gimnasio local por más horas que se entrenen.
Ahora, con las medallas guardadas y el viaje todavía fresco en la memoria, la delegación ya tiene la vista puesta en el Mundial. El desafío es enorme, pero el antecedente sudamericano les da argumentos concretos para soñar en grande. La pregunta que queda flotando es si el apoyo institucional y los recursos van a estar a la altura de lo que estos deportistas ya demostraron que son capaces de hacer.
El taekwondo entrerriano tiene nombre, tiene resultados y tiene hambre. Lo que necesita ahora es que eso se traduzca en respaldo real para seguir compitiendo en el mundo.