¿Qué hacía un cardiólogo investigado por estafa con casi 300 ampollas de fentanilo y morfina en su casa? La pregunta que se hacen los investigadores tiene una respuesta que nadie esperaba en una causa que ya había sacudido al sistema de salud.
La Policía Federal encontró el arsenal de drogas durante los allanamientos por la millonaria estafa al PAMI que supera los 580 millones de pesos. Lo que empezó como una investigación por facturación trucha terminó destapando un botiquín que haría sonrojar a cualquier narco de barrio.
El fentanilo, esa droga que mata más gente que los accidentes de tránsito en Estados Unidos, no estaba ahí de casualidad. Tampoco la morfina, que en manos equivocadas puede ser tan letal como un revólver cargado. ¿Para qué las tenía? ¿Las vendía? ¿Las usaba para otros fines?
Los investigadores ahora tienen que desentrañar si el cardiólogo imputado solo estafaba al Estado o si además manejaba un negocio paralelo con sustancias controladas. La causa, que ya era compleja por el monto involucrado, suma ahora una arista que puede cambiar completamente el panorama judicial.
El hallazgo pone en evidencia las fallas del sistema de control sobre medicamentos de alta peligrosidad. ¿Cómo llegaron esas ampollas a manos de un profesional que supuestamente solo atendía pacientes cardíacos? Las respuestas que lleguen pueden sacudir más de una estructura.
La investigación continúa y los peritajes sobre las sustancias determinarán si se trata de medicamentos legítimos desviados de su uso o si hay una red más amplia detrás de este descubrimiento. Lo que parecía una estafa más al sistema de salud puede terminar siendo algo mucho más grave y peligroso.