¿Qué esconden realmente detrás de la reforma previsional que impulsa el gobierno de Rogelio Frigerio? Los ministros Fabián Boleas (Economía) y Gastón Bagnat (presidente de la Caja de Jubilaciones) salieron a dar la cara ante los senadores provinciales con un mensaje que suena a tranquilizador: “Las medidas serán graduales y no contemplan a los jubilados actuales”.
El detalle no es menor. En una provincia donde los jubilados representan un sector sensible políticamente, cualquier movimiento en falso puede generar una tormenta electoral. Boleas fue categórico: la reforma busca “garantizar la sustentabilidad del sistema” sin tocar los derechos ya adquiridos. Pero la pregunta que flota en el ambiente es si realmente será posible mantener esa promesa a largo plazo.
La exposición ante el Senado provincial no fue casual. Los legisladores venían presionando por explicaciones concretas sobre un proyecto que genera más dudas que certezas. Bagnat, desde su rol en la Caja de Jubilaciones, insistió en que los cambios serán “graduales”, una palabra que en política suele ser sinónimo de “vamos despacio para que no se note tanto”.
Lo cierto es que Entre Ríos enfrenta el mismo dilema que otras provincias: un sistema previsional que cada vez cuesta más sostener. Los números no mienten, y los funcionarios lo saben. La cuestión es si esta reforma será suficiente para evitar el colapso o si es apenas un parche para ganar tiempo hasta las próximas elecciones.
El gobierno de Frigerio se juega mucho con esta iniciativa. Prometer que no se tocarán los derechos actuales es políticamente correcto, pero económicamente riesgoso. La sustentabilidad del sistema que tanto mencionan requerirá, tarde o temprano, decisiones más duras de las que están dispuestos a reconocer públicamente.