El 15 de junio se acerca y Manuel Adorni lo sabe. El jefe de Gabinete tiene ese plazo fatal para presentar su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción, mientras una causa judicial por presunto enriquecimiento ilícito avanza en su contra como una sombra que no puede esquivar.
¿Qué esconde la documentación que está preparando? La pregunta resuena en los pasillos de Casa Rosada, donde las miradas se cruzan con incomodidad cada vez que aparece el tema. Adorni, el hombre que supo manejar con destreza las conferencias de prensa más complicadas, ahora enfrenta su propio momento de verdad.
La investigación judicial no es un tema menor. Se trata de una causa que investiga un posible incremento patrimonial injustificado, esas diferencias entre lo que se declara y lo que realmente se tiene. En el oficialismo, algunos susurran que es una operación política; otros, más cautos, prefieren el silencio y esperar que los papeles hablen.
Las tensiones internas en el gobierno se sienten. Adorni, que llegó a ser una de las caras más visibles de la administración, ahora genera incomodidad en sectores que prefieren mantener distancia hasta que se aclare el panorama. La política argentina tiene esa crueldad: hoy sos imprescindible, mañana podés ser un problema.
La Oficina Anticorrupción, mientras tanto, aguarda la documentación con la frialdad burocrática de siempre. Los funcionarios saben que cada declaración jurada es un documento que puede convertirse en prueba judicial si las cosas se complican. Por eso, cada número, cada bien declarado, cada justificación debe estar perfectamente alineada.
El plazo del 15 de junio no es casual ni flexible. Es una fecha que marca un antes y un después en esta historia que recién comienza a desarrollarse. Adorni tiene días contados para demostrar que su patrimonio tiene explicación y que la justicia no encontrará irregularidades en sus cuentas.