El 5 de junio el Indio Solari se vuelve inmortal para siempre. Lo era desde hace décadas, pero ahora sus letras nos van a hablar mucho más que un rato en la esquina. Por esos caprichos del calendario que nunca son casualidad, el 3 de junio de 1770 nacía Manuel Belgrano, hace exactamente 256 años.
¿Qué tienen en común el prócer y el rockero? Más de lo que parece. El Indio es la piba tirada en un basural, es el pibe olvidado en una cárcel sucia, es el gurí que camina yendo a la escuela. Belgrano era la semilla que comenzaba a brotar cuando escribía en el Telégrafo Mercantil para que el pueblo de Buenos Aires entendiera que el mundo estaba cambiando.
“Y todos queremos que la patria nos ame“, cantaba el Indio. Belgrano, criado sin patriarcado fuerte en una casa que apostaba a la apertura de pensamiento, volvió de Salamanca con las ideas de libertad que la Revolución Francesa le había metido en la cabeza. “Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad y solo veía tiranos”, escribiría años después.
El apellido Belgrano significa “qué bello grano” – las tres espigas del escudo familiar hablan de fruto de la tierra, de semilla que se siembra y florece. ¿No es acaso lo mismo que hizo el Indio durante décadas? Sembrar versos que germinaron en el corazón de una Argentina que se reconoce en sus letras.
“Seré heraldo de buenas noticias / Solo si te quedás un rato más”, cantaba en “Había una vez”. Belgrano también fue heraldo cuando escribía en 1810: “mis papeles no eran otra cosa más que una acusación contra el gobierno español; pero todo pasaba, y así creíamos ir abriendo los ojos a nuestros paisanos”.
Dos hombres separados por dos siglos y medio, unidos por la misma obsesión: despertar conciencias en una patria que siempre necesitó voces que la sacudieran. Belgrano con su pluma ilustrada, el Indio con su guitarra y su voz ronca. Los dos entendieron que la patria no es solo bandera y escudo, sino también barro, resistencia y grito de los que no tienen voz.