El fin de semana arrancó con un accidente que pudo terminar en tragedia en pleno centro de Paraná. Una mujer de unos 30 años perdió el control de su vehículo en la rotonda de Avenida Ejército y se estrelló contra el ingreso del Hospital Militar.
El test de alcoholemia no dejó dudas: 1,1 gramos de alcohol por litro de sangre. Un nivel que duplica el límite permitido y que explica por qué la conductora no pudo mantener el rumbo en una zona que conoce cualquier paranaense. ¿Cómo se llega a manejar en ese estado un sábado por la mañana?
El impacto fue tan violento que cortó el suministro eléctrico del Hospital Militar, dejando al centro de salud sin energía en pleno funcionamiento. Por fortuna, no se registraron heridos, pero las consecuencias pudieron haber sido devastadoras si el horario hubiera sido otro o si había peatones en la zona.
La rotonda de Avenida Ejército es un punto neurálgico de la ciudad, con tránsito constante y cercanía a instituciones sensibles como el hospital. Que una conductora alcoholizada pierda el control ahí no es solo un accidente: es una bomba de tiempo que esta vez no explotó.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa la falta de controles preventivos en la ciudad y la irresponsabilidad de quienes se suben al volante después de beber. La suerte evitó una tragedia, pero ¿hasta cuándo vamos a depender solo de la suerte?