Las calles de Paraná volvieron a llenarse de voces que no se callan. A 11 años de aquella primera movilización que cambió para siempre la agenda pública argentina, el Ni Una Menos regresó este miércoles con una fuerza renovada y un mensaje que trasciende las fronteras del feminismo.
¿Qué tiene que ver la violencia de género con las jubilaciones? Más de lo que parece. Las organizaciones que marcharon por el centro paranaense entendieron que la lucha por los derechos de las mujeres no puede separarse de la defensa del sistema previsional, especialmente cuando las principales afectadas por los ajustes son las mujeres mayores que trabajaron toda su vida en condiciones de desigualdad.
La convocatoria reunió a organizaciones feministas, sindicales y sociales que caminaron desde plaza 1° de Mayo hasta la Casa de Gobierno provincial. No fue solo una marcha: fue un grito colectivo contra un sistema que sigue fallando a las mujeres en todos los frentes.
El reclamo contra la reforma previsional se sumó naturalmente a las banderas históricas del movimiento. Porque cuando el Estado ajusta sobre las jubilaciones, son las mujeres las que más sufren: ellas que cobraron menos durante décadas, que interrumpieron sus carreras laborales para cuidar, que trabajaron en negro sin aportes.
La marcha paranaense se enmarcó en una jornada nacional que demostró que el Ni Una Menos sigue vigente y necesario. Once años después de aquel 3 de junio de 2015 que marcó un antes y un después, las calles siguen siendo el lugar donde las mujeres hacen oír su voz.
Porque la violencia de género no es solo la que mata: también es la que empobrece, la que excluye, la que condena a las mujeres mayores a una vejez sin dignidad. Y contra eso, Paraná volvió a marchar.