Cincuenta años de historia se detuvieron de golpe en Paraná. La fábrica de aberturas Valentinuz, un emblema industrial de la ciudad, cerró las puertas de su planta en el Parque Industrial y dejó a decenas de familias en la calle. Los trabajadores no solo perdieron el empleo: también arrastran meses de sueldos impagos que nadie sabe cuándo van a cobrar.
La crisis no llegó de un día para el otro, pero el final fue abrupto. Veinticinco despidos confirmados hablan de una debacle que venía gestándose en silencio, mientras los empleados seguían cumpliendo horarios sin saber que cada día podía ser el último. ¿Cómo una empresa con medio siglo de trayectoria llega a este punto sin que nadie mueva un dedo?
Los testimonios de los trabajadores pintan un panorama desolador: salarios atrasados que se acumularon mes tras mes, promesas incumplidas y una patronal que desapareció cuando más la necesitaban. La producción se fue frenando de a poco hasta que las máquinas quedaron mudas en los galpones del Parque Industrial, ese mismo lugar que debía ser sinónimo de progreso para Paraná.
La situación de Valentinuz no es un caso aislado en el contexto económico actual, pero duele especialmente por su historia. Una empresa que nació cuando Paraná apostaba al crecimiento industrial, que dio trabajo a generaciones enteras de familias entrerrianas, ahora se suma a la lista de fábricas que no pudieron resistir la tormenta económica.
Los 25 trabajadores despedidos no son solo números en una estadística: son padres y madres de familia que hoy no saben cómo van a llegar a fin de mes. Mientras tanto, las autoridades provinciales y municipales guardan silencio sobre una crisis que golpea en el corazón productivo de la ciudad. El Parque Industrial de Paraná pierde otra vez una empresa histórica, y nadie parece tener respuestas para frenar la sangría.