¿Hasta cuándo van a seguir hacinados 450 alumnos en un edificio que no fue pensado para tanta gente? La pregunta resuena en los pasillos de una escuela secundaria de Paraná que lleva más de dos años esperando mudarse a su propio edificio, mientras los chicos se las rebuscan como pueden en las aulas prestadas de una primaria.
La situación es insostenible: tres baños para 400 alumnos en la planta baja, aulas en el subsuelo donde es imposible dar clases cuando la primaria tiene recreo, y espacios que nunca fueron pensados para ser aulas convertidos en salones de clase. “No hay ventilación; estamos hacinados”, resume Nicolini, una de las docentes que no se cansa de reclamar.
El papelerío está. La Legislatura aprobó hace más de dos años una ley de expropiación para adquirir el inmueble de Quintana y Concejal Veiga, una casona lindera al patio de la primaria que sería perfecta para resolver el problema. El Estado provincial ya depositó el aval de US$ 10.000, pero el expediente sigue durmiendo en algún escritorio del Fiscal de Estado.
“Tenemos la ley, el apoyo legislativo estuvo de ambas Cámaras pero eso debe ir acompañado de un expediente judicial”, explicó la docente. Mientras los funcionarios se toman su tiempo, 450 estudiantes de tres turnos siguen apretujándose en un espacio que ya no da para más.
La comunidad educativa tiene todo calculado: quieren tomar posesión antes de fin de año para trasladar el ciclo básico orientado, donde están los chicos de 15 años en adelante. Con una remodelación que incluya tirar la pared medianera y arreglar los baños, el problema estaría solucionado.
Pero acá estamos, a mediados de 2026, con los mismos chicos que empezaron el secundario en estas condiciones ya terminando y una nueva camada que se suma al hacinamiento. “Realmente es un reclamo legítimo”, dice Nicolini, como si hiciera falta aclararlo. Lo que no es legítimo es que una escuela tenga que atravesarse en medio de un desfile patrio para que alguien se acuerde de que la educación necesita más que buenas intenciones.