¿Cuatro horas arriba de un portaaviones estadounidense? Javier Milei no andaba de paseo turístico por el Comando Sur de EEUU. Mientras el presidente hacía su visita protocolar, abajo se cocinaba algo más picante: un acuerdo entre la Armada Argentina y la Cuarta Flota norteamericana para proteger los “bienes globales comunes”. Traducción: frenar de una vez la depredación china en nuestras aguas.
La movida no es casual. Cientos de buques extranjeros, mayormente chinos, pescan sin control en la llamada “Milla 201”, esa zona gris donde termina nuestra jurisdicción exclusiva y arranca el sálvese quien pueda. El problema es que los peces no entienden de límites marítimos, y lo que se llevan de ahí nos afecta directamente acá.
Pero la cosa se pone más interesante. La Prefectura Naval acaba de presentar SIGU, un agente de inteligencia artificial que promete revolucionar el control marítimo. Mario Herlein, jefe de la División del Sistema de Información Geográfica de la PNA, lo vendió como un “asistente virtual operativo” que habla como un colega y elimina la fricción técnica. “Cualquier efectivo puede operarlo de inmediato”, aseguró en la Feria de Aeroterra.
¿Por qué no usan ChatGPT? Porque cuando se trata de seguridad nacional, no podés andar confiando en herramientas que mandan datos quién sabe dónde. SIGU es desarrollo propio, pensado para nuestras necesidades específicas y sin riesgos de filtración.
Mientras tanto, el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero completó el primer relevamiento serio del lecho marino en la zona de conflicto. Los científicos a bordo del buque Víctor Angelescu navegaron 23 días recolectando evidencia del desastre que están haciendo las flotas extranjeras.
Los números duelen: el 76,2% de los lances de pesca contenían basura, principalmente restos de redes y equipos de flotas extranjeras. Encontraron 180 tipos de organismos en el lecho marino, incluyendo corales y esponjas que están siendo arrasados por la pesca de arrastre. La merluza, el calamar y otros recursos que deberían ser nuestros están siendo esquilmados sin piedad.
El relevamiento alcanzó profundidades de hasta 2.291 metros y confirmó lo que ya se sospechaba: hay una conexión biológica directa entre nuestra Zona Económica Exclusiva y el talud continental. Lo que pescan en la Milla 201 impacta directamente en nuestros recursos.
El gran problema sigue siendo la falta de una Organización Regional de Ordenamiento Pesquero que regule la actividad más allá de las 200 millas. ¿El obstáculo? La presencia británica en Malvinas, que complica cualquier acuerdo regional. Mientras tanto, los chinos siguen pescando como si no hubiera mañana, y nosotros seguimos perdiendo recursos que por derecho nos corresponden.