¿Cómo vivir con $240.000 por mes siendo profesor universitario? La pregunta que nadie se anima a hacer en voz alta la respondió ayer Andrés Capodoglio, decano de la Universidad Nacional de Entre Ríos, mientras Concordia se sumaba a la marcha federal universitaria que sacudió al país.
“Un profesor que ingresa con un cargo de JTP con dedicación simple, que es lo que más abunda en la universidad, hoy cobra $230.000 o $240.000. Es muy complejo”, disparó Capodoglio sin anestesia. La realidad que describió es demoledora: docentes que se van o que tienen que buscar otros empleos, perdiendo tiempo para investigar o brindar soluciones a las empresas regionales.
Pero la cosa se pone peor. El gobierno nacional recortó otros $100.000 millones destinados a universidades, ciencia y educación. Y acá viene el dato que indigna: “Discontinuaron el tratamiento de gente con cáncer, con enfermedades tipo HIV. No tiene lógica; el nivel de crueldad es tremendo”, denunció el decano.
La UNER recibió el golpe directo. Dos obras que el gobierno había autorizado “con bombos y platillos” quedaron paralizadas: el hospital de Veterinaria en Gualeguaychú y un pabellón de aulas en Villaguay. “Son deudas, certificados no pagos, que el gobierno no les pagó a las empresas”, explicó Capodoglio. La universidad queda en el medio de un incumplimiento que no generó.
Mientras tanto, las calles de Concordia se llenaron de estudiantes, docentes y ciudadanos que dijeron basta. La movilización local se conectó con las manifestaciones masivas en Buenos Aires, Córdoba y Rosario, en una muestra contundente de que la sociedad está en la vereda opuesta de un gobierno que no quiere invertir en educación superior.
“Venían a combatir la casta y la casta resulta que eran las universidades y la gente que tiene este tipo de enfermedades”, sentenció Capodoglio. La Federación Universitaria Argentina fue más dura: denunció que el poder adquisitivo de las partidas universitarias no superó en ningún mes de la gestión Milei el 64% de lo que tenía en enero de 2023.
La pregunta que queda flotando es simple: ¿hasta cuándo una sociedad puede sostener el desmantelamiento de su sistema universitario? Las calles de Entre Ríos ya dieron su respuesta.
Con informacion de: Diario Junio.